
Desde que la cultura humana se empezó a desarrollar con el surgimiento del lenguaje y la organización social, surgió, simultáneamente, la necesidad de explicar los fenómenos del mundo que nos rodea. En estos comienzos, la ciencia, la religión y el arte eran parte de un mismo esfuerzo por entender y moldear el mundo. Las primeras “herramientas” que el ser humano utilizó en su lucha por la supervivencia eran a la vez, arte, tecnología y objeto ritual. El artesano era a la vez científico y visionario, su mundo aun no se había polarizado en lo “objetivo” y lo “subjetivo”. Era un mundo “mágico” donde la intuición no se separaba de la razón ni la imaginación de la realidad.
Con el perfeccionamiento del lenguaje la realidad se fue “objetivizando” cada vez más hasta que el símbolo se separo de la experiencia inmediata. Con esto el razonamiento abstracto se hizo posible y la capacidad de considerar “situaciones hipotéticas”
Las “cosas”, definidas a través de un lenguaje, se empezaron a ordenan mediante una “lógica” que permitia considerar situaciones que no fueran inmediatas, situaciones imaginarias. Con esto, la posibilidad de hacer preguntas de orden abstracto surgió. Cuando el hombre, por ejemplo, entendió que todas las experiencias estaban precedidas de otras (la causalidad) se pudo preguntar de qué “cosa” estaba precedida la vida misma, quién o qué había creado el universo.
Esta capacidad de “raciocinio”, de manipular símbolos de acuerdo a modelos que representan la realidad, le dio a lo que sería el ser humano moderno de hoy una ventaja sobre las demás especies, la capacidad de moldear su entorno, de entender la relación causal que hay entre las distintas cosas.
Con el perfeccionamiento del lenguaje la realidad se fue “objetivizando” cada vez más hasta que el símbolo se separo de la experiencia inmediata. Con esto el razonamiento abstracto se hizo posible y la capacidad de considerar “situaciones hipotéticas”
Las “cosas”, definidas a través de un lenguaje, se empezaron a ordenan mediante una “lógica” que permitia considerar situaciones que no fueran inmediatas, situaciones imaginarias. Con esto, la posibilidad de hacer preguntas de orden abstracto surgió. Cuando el hombre, por ejemplo, entendió que todas las experiencias estaban precedidas de otras (la causalidad) se pudo preguntar de qué “cosa” estaba precedida la vida misma, quién o qué había creado el universo.
Esta capacidad de “raciocinio”, de manipular símbolos de acuerdo a modelos que representan la realidad, le dio a lo que sería el ser humano moderno de hoy una ventaja sobre las demás especies, la capacidad de moldear su entorno, de entender la relación causal que hay entre las distintas cosas.
